Las canas en el hocico y los paseos más tranquilos anuncian una nueva etapa. Tu perro sigue disfrutando de tu compañía, aunque sus necesidades pueden cambiar. Cuidarlo en su vejez consiste en observarlo, adaptar su rutina y contar con el apoyo de su veterinario.
1. Programa revisiones y observa los cambios
No atribuyas cualquier cambio a la edad. La dificultad para levantarse, la pérdida de apetito, beber más o un comportamiento diferente merecen consulta. Las guías de AAHA recomiendan una evaluación médica una o dos veces al año en animales mayores; el veterinario ajustará la frecuencia y las pruebas a cada perro.
Anota cuándo aparecen los cambios y lleva vídeos de cómo camina si notas dificultades. Comenta también todos los medicamentos y suplementos que toma. Estos detalles ayudan a valorar su estado. Fuente: evaluación del animal sénior, AAHA.
2. Ajusta la alimentación a sus necesidades
No todos los perros mayores necesitan la misma dieta. Algunos gastan menos energía y ganan peso; otros adelgazan o pierden músculo. Conviene valorar tanto el peso como la condición corporal y muscular.
Pide al veterinario que te ayude a elegir el alimento y la cantidad adecuados. No reduzcas las proteínas ni añadas suplementos por tu cuenta: la dieta debe adaptarse a su salud, especialmente si existe una enfermedad. Deja agua fresca a su alcance y consulta los cambios persistentes en el apetito. Fuente: nutrición del animal sénior, AAHA.
3. Haz que moverse y descansar sea más fácil
Adapta los paseos a su capacidad y permite que descanse. Si aparece dolor o dificultad para caminar, pide una valoración antes de aumentar el ejercicio. En casa, las superficies antideslizantes, una cama cómoda y un acceso sencillo a sus zonas habituales pueden facilitarle el día a día.
Evita que tenga que superar obstáculos para llegar al agua o descansar. Si su movilidad está muy reducida, consulta qué ayuda necesita para cambiar de postura y mantener una buena higiene. Fuente: cuidados en casa para animales mayores, AAHA.
4. Presta atención a su bienestar
Observa si sigue disfrutando de sus actividades, cómo duerme y si tolera las caricias como antes. La inquietud, el aislamiento o los cambios de conducta también son información útil para el veterinario. Incluye la revisión de la boca en sus controles y consulta si le cuesta comer.
Una rutina sencilla para acompañarlo
Reserva cada día tiempo para estar juntos sin prisas. Puedes llevar un pequeño registro de comidas, paseos, descanso y cambios que te preocupen. No hace falta compararlo con otros perros: lo importante es reconocer qué le resulta cómodo y qué ha cambiado respecto a su rutina habitual.
En Perrilocos creemos que esta etapa también merece momentos compartidos, atención y cariño. Escuchar sus necesidades y adaptar el ritmo es una forma de seguir cuidando de vuestro vínculo.
Contenido informativo: los cuidados y tratamientos deben individualizarse con un profesional veterinario.